Cruzó y murió

Va caminado. Sus pasos son lentos, pero seguros y se ladea de un lado al otro. Solo es un hombre sobre el concreto que avanza y deja atrás las líneas del cemento. Un peatón más en estas vías transitadas por miles de vehículos con ruedas.

Suele observar al infinito al cruzar, como un mandato máximo. Su rostro es serio e impasible, para muchos, frío y duro. Observa a los conductores a los ojos como los atendía Atreyu cuando debía cruzar el oráculo. Los mira fijamente y congela esos retratos.

Los conductores suelen irrespetar las señales y reglas. Se pasan las rayas, se adelantan, cruzan en roja o comienzan a acelerar antes de partir.

Cuando violan el sistema él los atraviesa con su mirada. Desconoce cuánto repercute ésta. A muchos les cae fondo. Se enojan irascibles, es el ideal de macho alfa desafiaAl-cruzar-la-calledo. Se nota en la respuesta gestual, amenazante, autoritaria, imponente. Muchos le han tirado el vehículo encima, como si eso afectara su actitud. No lo han conseguido, pero trae consecuencias.

Una vez, como otras, cruza mirando fijo al conductor.

Siempre hay locos más locos y orates más desenfrenados. Esta vez, el conductor, uno de ellos, lo atropelló como un insulto, uno físico, de dolor, tangible, perceptible.

El protagonista murió arrollado por uno al que no le hizo gracia el gesto técnico de la fijación en el error. Víctima es el que cruzó la calle en esta historia, a pesar de su expresión ruda.

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