Colusión distinto colaboración

Hay dos temas que están muy de moda en Chile en el último lustro. Uno es la colusión.

Hemos visto este delito en variadas empresas grandes e importantes de este país. Lo vimos en los pollos, en las farmacias, en el tissue, en los pañales. Aparte, estoy casi seguro que en muchos rubros más hay coludidos, especialmente en ámbitos monopólicos como el transporte, donde TurBus y Pullman acaparan el 85% del mercado y suelen suceder extrañas coincidencias. Creo que los supermercados, los laboratorios y varias industrias más deberían ser investigadas.

El otro tema es colaborativo. Es cada vez más frecuente ver la intención de las empresas y promovido el mercado por los emprendedores para generar un intercambio comercial más amable que trabaje en conjunto a soluciones que a la larga afecten positivamente a toda la cadena.

Durante un tiempo fui activo defensor del trabajo colaborativo. Después, he repetido el ejemplo de casos que se repetían en Australia; un café con una librería y una tienda de juegos en el mismo lugar físico, compartiendo gastos y espacios, clientes y limpieza. El concepto andaba muy bien.

Acá se multiplican los coworking que avalan el mismo concepto, pero que sin embargo terminan cerrando o derechamente, meterse en un área de negocios para buscar utilidades como sea; con cursos o charlas o lanzamiento de recursos, como ebooks.

Esta relación se me ocurrió cuando leyendo me percaté de varios empresarios que profetizaban sobre el ser colaborativo. Entre ellos escuché a Alfredo Schönherr director de Farmacias Ahumadas (Fasa), a Manuel Ariztía Ruiz de los pollos o Eliodoro Matte de CMPC. Y es que, de la boca para afuera, estas personalidades les gusta hablar bonito y meter idealismo –hasta se victimizan-, pero al final, al menos en Chile, hay un solo principio en el planeta empresas: maximización de las utilidades.

Por eso me parece interesante recalcar que ser colaborativo no es semejante a colusión.

Están tan confundido que han llegado a pensar que ponerse de acuerdo en beneficio propio corporativo es lo mismo que ponerse de acuerdo entre pares para un beneficio común. Y es que, obnubilados por la cercanía en grupos sociales, por los colegios, las amistades de los hijos, los lugares de veraneo y parentesco familiar han mezclado dos valoraciones contrapuestas: colaborar es bueno para todos, la colusión es mala para todos -excepto para un puñado de corruptos-.

Te invitamos a leer esto del Mostrador sobre la colusión.

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