Impresionante: La pereza del chileno

Iba yo feliz y apurado a tomar el metro. Se veía gente alrededor y un tránsito un poco mayor al usual. Iba a tomar el tren partiendo desde atrás, por la terminal estación de Los Domínicos. 

Entrando por esas modernas cuevas del transporte, me veo enfrentado a la decisión en mi descenso a la boletería; si tomar escaleras mecánicas o las escaleras simples.

Las escaleras automáticas eran las preferidas por la gente. Aun cuando era un descenso, las personas se apretujaban y empujaban por un par de centímetros cuadrados sobre el metal que avanzaba solo. La cola, salía a la vereda peatonal.

En cambio, nadie, ni una sola alma bajaba por las escaleras normales, de esas que usamos los comunes y corrientes. En lo personal, yo las prefiero por dos motivos; son el mínimo ejercicio diario y reniego a las masas, sobretodo cuando mezclarse con ella es un acto intrascendente.

Pues bien, comencé mis pasos en la escalera. Yo las bajo como saltando. Me fijé en un tipo que estaba paralelo a mí, pero en la mecánica. Desde el inicio, como una competencia. Cuando yo ya había pisado suelo seguía en la mitad del trayecto. Mirando hacia arriba, la escalera sencilla había sumado un par de comensales, mientras la electrónica seguía abarrotada.

No pude encontrar una explicación solo que el chileno prefiere sentir la tufeta del prójimo y manos ajenas por todos lados por sobre bajar unos cuantos escalones con sus piernas. Impresionante.

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