Esto no es una reforma electoral y cambios no son tales

El binominal es un sistema electoral en base a listas y pactos que nace en las elecciones al Congreso de 1989, promulgada por el entonces gobierno del régimen militar.

El origen del binominal era crear un sistema “binominal mayoritario”, es decir, que salieran electos los dos candidatos más votados en representación. Fue elaborado por Arturo Marín Vicuña y Carlos Cruz Coke Ossa (padre del ex ministro, Luciano) según cuentan en La Tercera en este reportaje que investigó su germinación.

Cuando se creó, el gran dilema era aplicar una representación proporcional, sin embargo, hasta el día de hoy eso no se ha conseguido y la reforma electoral prometía corregir esa y otras patas cojas, pero nuevamente –aún con aumentos de congresistas y redistribución- no se logra. Subjetivamente parece ser que los ideólogos tanto del binominal como del nuevo sistema se convencieron que siempre habrá una inequidad en la representación parlamentaria, por supuesto, a su conveniencia.

A simples rasgos, las claves del binominal como sistema electoral –a favor y en contra- son; estabilidad política del país, promueve el consenso y los acuerdos entre oposición y gobiernos, evita que minorías lleguen al poder, reduce la fragmentación política y el número de partidos políticos generando dos grandes bloques, produciendo inamovilidad – también la llamada estabilidad mencionada más arriba- en el sistema político, muchos candidatos con alta votación (20% a 25%) han quedado fuera y otros con bajas han ganado.

Otro punto importante a considerar es la competencia: el binominal pierde una de las principales virtudes de un sistema mayoritario: permitir la sanción o recompensa a los candidatos, sobre todo líderes autónomos, a través del voto.

El binominal, con la actual división de distritos, viola un principio fundamental de la representación en la Cámara: la equivalencia del voto. Diputados de algunos distritos representan a un número entre 2 y 10 veces superior de votantes que el de otros distritos. En la última elección parlamentaria, por ejemplo, 37.733 electores y electoras del distrito 59 (Región de Aysén) eligieron a los mismos dos diputados que los 263.996 electores del distrito 20 (Cerrillos, Estación Central y Maipú). Por lo tanto, en términos de representación, cada voto del distrito 59 equivale a 6 veces más que un voto en el distrito 20.

La principal virtud del sistema mayoritario por excelencia, el uninominal, está ausente en el binominal: como ya se dijo, no es un sistema competitivo y el voto pierde su valor.  Debido a tan pocos escaños en disputa y a la elevada exigencia para el doblaje, las coaliciones dominantes llevan un único candidato competitivo por lista. De lo contrario, de presentar dos candidatos fuertes, uno de ellos se perdería, como ocurrió en la circunscripción de Santiago Poniente para las elecciones parlamentarias de 1989, en las que Ricardo Lagos, con más de 30% de los votos, quedó fuera del Senado por ir en la misma lista de Andrés Zaldívar. Como el binominal otorga elevadas certezas a los dos principales bloques políticos de que al menos uno de sus candidatos terminará con escaño, se ha convertido en regla presentar listas con un candidato fuerte o “protegido”, que va con cupo prácticamente asegurado, y un candidato débil, que va al sacrificio y sólo para llenar la lista. Esto, en la práctica, se traduce en escasa o nula competencia entre listas.

Los partidos y sus beneficiados históricos del binominal:


Renovación Nacional (RN) 31 veces, La Unión Demócrata Independiente (UDI) 28 oportunidades, la Democracia Cristiana (DC) en 9 ocasiones, el Partido Socialista (PS) obtuvo 8 parlamentarios gracias al binominal, el Partido Por la Democracia (PPD) en 6 veces obtuvo escaños por el binominal, el Partido Radical Social Demócrata (PRSD) en 2 ocasiones y el Partido Comunista (PC) obtuvo 1 parlamentario gracias al binominal.

Solo con esa información es claro entender porque ha sido tan complicado cambiar el sistema: todos los partidos, en mayor o menor medida, han sido favorecidos por él.

El coeficiente D’ Hondt

El método D’Hondt parte de una primicia sencilla: a mayor cantidad de escaños en disputa, mayor la probabilidad de que más fuerzas alcancen uno. Y viceversa. Un número reducido de escaños en disputa concentra la representación en menor cantidad de fuerzas y reduce la posibilidad de que alternativas minoritarias alcancen uno.  Si en unidades electorales de 8 escaños en disputa la votación que permite asegurar al menos un asiento es 12,5%, en unidades de 10 escaños es de 10%; de 15 escaños, 6,67%; de 20 escaños, 5%; y así sucesivamente. La regla que se quiere ilustrar, es que mientras mayor la cantidad de escaños estén en disputa, menor el coeficiente D’Hondt necesario para quedarse con al menos un escaño. Y viceversa: a menor cantidad de escaños en disputa en cada unidad electoral, mayor el porcentaje de votos necesarios para hacerse con uno.

El sistema que se replica en Chile se usa en países como Bélgica, Austria, República Checa, Dinamarca, Estonia, España, Finlandia, Francia, Hungría, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Portugal, Rumania, Eslovenia, Reino Unido, aunque ninguno de ellos es realmente similar y la lista es más bien representativa de principios básicos.

Entonces, el sistema electoral de coeficiente D’Hondt, procede de la siguiente manera:
a) Se dividirán los votos de cada lista por uno, dos, tres y así sucesivamente hasta la cantidad de escaños que corresponda elegir.

b) Se ordenan los números que han resultado de estas divisiones en orden decreciente hasta el numeral correspondiente a la cantidad de escaños que elige cada distrito.

c) A cada lista o pacto electoral, se le atribuirán tantos escaños como números tenga en la escala descrita en la letra.

Con los cambios se pasa de 120 a 155 diputados y de 30 a 55 senadores. Pero está redistribución no es demasiado justa con la descentralización. Indiferente a los distritos, hay regiones que quedan con 3 diputados – es el mínimo- versus 59 que habrán en la Metropolitana, ridícula concentración. Extrañamente en el caso del Senado no sucede lo mismo: 2 es el mínimo y 5 el máximo.

La justificación del aumento en primera instancia es que en los distritos y circunscripciones habrá más escaños por lo que probabilísticamente, hay más opciones para obtener un escaño –un favor a los partidos-, pero esto no asegura necesariamente representatividad a los sectores políticos excluidos.

Desde otra arista se confirma ese diseño desigual ya que el distrito de Puente Alto hoy tiene 470 mil electores que al fusionarlo con La Florida, la nueva zona tendrá más de 700 mil votantes.  Otro distrito como Melipilla-Talagante, que ya era el más extenso de la Metropolitana, se fusionará con San Bernardo-Buin. Incluso hay casos de tres distritos que se transformarían en uno, como Santiago, La Granja-Macul y Ñuñoa-Providencia, sin ninguna coherencia entre los electores de La Granja y Providencia.

Así, el nuevo sistema es uno que funciona –tal como el binominal- por listas. En presentación se le llama N +1 a una de sus cuotas ya que estas alianzas pueden presentar uno más al número de parlamentarios que tendrá la región. Ejemplo: 3 senadores por distrito, lista puede presentar a 4 candidatos.

Un cambio al binominal es la distribución de escaños; antes los cargos eran repartidos entre las listas y luego entre los candidatos dentro de las listas. Con la reforma, en cambio, los puestos se repartirán primero entre las listas en disputa, luego entre los partidos que las integran y finalmente entre sus candidatos.

Otro punto importante es que pueden asociarse listas con independientes. Un “favor” a las minorías pero que replica e incluso aumenta la exclusión. A pesar de ello, los defensores más conservadores rescatan que se mantiene sistema de conglomerados, dejando a un lado la representatividad real.

También la reforma incluye una cuota de género ya que ninguno –sea hombre o mujer- podrá superar el 60% de electos. Esto se aplicará en todas las elecciones parlamentarias hasta el año 2029. Pero más llama la atención el beneficio femenino: las candidatas tendrán derecho a un reembolso adicional de sus gastos electorales de cargo fiscal, de 0,0100 unidades de fomento por cada voto obtenido, no así para hombres.

Con todo, este no es un sistema nuevo en Chile. El algoritmo –fórmula matemática para calcular el resultado final- es el mismo que se usa desde 1925. Muchos intentan promocionar la reforma como un sistema nuevo, lo que es falso según este estudio de la PUC.

En ese mismo estudio la universidad intenta demostrar que el defecto del sistema binominal según el cual candidatos con altas votaciones pueden quedar fuera del Congreso, no se soluciona con la nueva ley electoral.

Ahí también mencionan varios otros sistemas que se podrían evaluar o complementar para una verdadera reforma electoral en Chile: métodos de asignación parlamentaria: Adams (SD), Dean (HM), Hill (EP), Webster (Saint-Lagüe o MF) y Jefferson (D’Hondt). Para la próxima, queda como tarea para la casa la investigación de cada uno de ellos.

Marcando una diferencia, los autores aclaran que el único método de los anteriores que tienden a favorecer a las listas con altas votaciones –conglomerados- es el método de D’Hondt, por tanto, desde un comienzo de esta “reforma” se intentaba perpetuar ese llamado equilibrio que prioriza la estabilidad política por sobre la manifestación de voto en las urnas. Resultado: no hay posibilidad de expresión de la voluntad popular de forma fidedigna.

Por ello, los detractores han manifestado que todos estos cambios son cosméticos, una forma de hacer ruido y proclamar una evolución que no es tal, una burla civil que no altera en lo absoluto los factores que binominalizan al sistema de partidos, que a la vez implica el fortalecimiento de las cúpulas cerradas. O sea, la política para unos pocos, en general, conectados con las elites.

Un ejercicio explicado en una columna en El Mostrador* concluye que la tasa de sobrerrepresentación del duopolio –Nueva Mayoría ex Concertación y Vamos Chile ex Alianza por Chile- pasarían de 96,66% de los escaños sobre 83,94% de los votos con el binominal a 98,06% de escaños sobre el 79,08% de los votos con el nuevo sistema. Mayor exclusión y control a los partidos.

Vale mencionar que este nuevo Sistema Proporcional Inclusivo como lo llamaron los políticos involucrados es la misma fórmula para los consejeros regionales (CORES de la Intendencia) y concejales municipales.

*Así como varios textos que se presentan de forma literal en este reciclaje informativo. El enlace corresponde a la excelente columna de Daniel Giménez, periodista de El Mostrador.

Otra fuente utilizada en esta curación fue Radio Villa Francia.

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