El cartón cede a la decepción

Quiero gritar. Me salta el núcleo de las emociones, la cápsula de nuestra humanidad.

Aquí estoy en mi mejor versión, sufriendo por decisiones ajenas, acuchillado y abandonado.

Es impresionante como las personas sorprenden. La hipocresía como motor de un relato inventado. Como cuento infantil. Como historia de terror.

Tengo frío del de verdad y el de la mente, la piel como órgano que es, helada y desatendida, receptora de la indiferencia, filtrando muchos de los rayos que perforan más que la imagen.

Confundido, derrotado. Sin saber, saboreo mi amargura. Apoyado en un espacio que no contiene, en un silencio que otorga. Botado en el suelo de la felicidad a pesar de haberme apropiado de ella hace no mucho.

Es difícil la respiración. Me falta aire y cavidad. Fuerza de circulación. Carencia de.

Tengo los ojos implosionados, veo el rojo brillante en ellos, representantes de la esencia en vibraciones de un lamento enternecedor. Quemados en la desesperanza ambigua, en la pérdida de lo que nos conforma, lo que se arma para más.

Lazos enormes construidos en un hoy cartón mojado que cede voluntarioso. La estructura de mi sombra se desploma y se borra su silueta. Ya no se sostiene como apoyo detrás. Ya no tiene sentido, si es que alguna vez lo tuvo.

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