En la escalera del metro

Debe tener unos veintiuno. Se veía melancólica. Usaba unos short cortos veraniegos, solo una tonalidad más oscuros que su piel, irradiante de brillo natural, provocaba intuir la libertad en su relato.

En sus brazos, delicada piel lisa, acurrucaba un cachorro pequeño, un bebe en formación, de no más que unas pocas semanas, sus patas inocentes se apoyaban sobre la curva suave de la joven. Ella masajeaba con sus dedos, despistada.

Subí la escalera y fue lo primero que vi.

Luego de reojo lo alcancé a el. Apenas dos pasos a la izquierda de la joven se afirmaba resbaloso en el circulo de metal falso de la baranda. Su expresión era de una extrema idiotez. La boca semi abierta, los ojos dubitativos, las mejillas chupadas y temblorosas. Una burla de ser humano.

Aparentaba disimulo. Lo hacía muy mal. Era notorio. El contraste me maravilló.

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