Timbre fantasma 2

En mi casa tocan el timbre. La fachada es latón rayado con spray. Ya nos robaron una vez. El sonido que avisa suena fuerte. Puede hacerme saltar -cuando pienso en otra cosa-.

Aparecen testigos de Jehová a veces. Vagabundos otras. Por supuesto, amigos, aunque esté la regla que nadie parece tomar en serio de comunicar las invitaciones.

Así, suena. He visto autos con vidrios polarizados desaparecer en instantes y también cabros en bicicleta que tocan y pasan de largo. No están jugando al rin rin raja en realidad, si no que verifican si es que hay alguien al interior.

Estaba yo sentado. Tal como ahora, quizá escribiendo, quizá leyendo. Suena el timbre. Me sobresalto. Tomo el tubo de cobre que mantengo en mi pieza. Antes de acercarme a abrir miro con sigilio por una abertura. Veo ruedas de bicicletas y un jockey, el resto no se identifica. En vez de abrir por la puerta lo hago por el portón. Rápido.

Mi mira atónito el goma de los maleantes. Acelera en dirección contraria. Lo persigo. Trata de bajar por Kennedy. Se resbala en el pasto mojado. Cae. Rebota en la autopista y pasa un Range Rover y cataplum. 

Adolescente menos. Yo observo a la distancia. No me sonrío, pero el rayado en el metal se ve más opaco.

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