Pero…¿por qué?


Rara cosa lo que me sucedió.
En clases de inglés yo me di cuenta que era un poco corto de vista. Me acuerdo estar sentado en las baldosas elevadas con la raja fría, pero la vista tranquila. Todo lo anotaban en el blanco pizarrón, casi nada podía leer yo desde la distancia de mi pupitre, por supuesto, alejado de la mesa de la maestra, mi lugar más cerca de los rincones del desorden y la complicidad.
Desde aquella época quise operarme mi percepción visual de la realidad. Un cuadro de tonos pasteles en el que los colores se fusionaban sin presentar fronteras.
Así, comencé mis idas al oculista y lo primero que me dijo me dio tal desesperanza que la idea se mantuvo alejada de mis prioridades hasta un lustro, cuando de nuevo mi problema se hacía insostenible para la rutina.
El Doc me dijo sin tapujo que nada podía hacer hasta que el ojo terminara su completo desarrollo y por tanto, sólo cabía esperar.
Y así lo hice. A los 21, falta, me dijo el de vestido blanco. A los 22, se repitió el mensaje. A los 23 cambió el discurso y tras una serie de exámenes, el médico me dio su aprobación total para operarme cuando lo deseara.
Ni tonto, yo decía que mañana mismo no había problemas y parecido sucedió, una semana después una bella enfermera siempre dispuesta a distorsionarse en nuestra mente me colocaba con tierna gentileza gotitas especiales en los círculos que recibirían el potente rayo de la operación.
Aunque el plan es intervenir un ojo primero y tiempo después el segundo, yo, con mi tozudez de siempre brillando, conseguí que el proceso terminara tras una sola visita.
Estuve ciego un par de horas y unos diez días con una mirada extraña. Luego, el cuerpo se acostumbró a este nuevo estatus. Y ahí radica la rara cosa que me sucedió. Desde que comencé a utilizar mi vista nueva, mi memoria borró mi visión antigua y fue como si toda la vida hubiera tenido la misma sana situación ocular.
Tampoco yo le había dado mucha importancia al tema, no me llamó la atención que incluso mis recuerdos estaban grabados con colores vivos y claras líneas que delimitaban las formas, nada que ver con el cómo veía en el momento que se registraron los acontecimientos.
Hasta ahora, recién ahora, veo la diferencia, el antes y el después, puedo comprender el cambió que significó y lo distinto que es para la vida diaria detalles como estos.
Aún trato de descifrar porque mi cuerpo asimiló el cambió de inmediato, pero imponiéndolo en mi pasado y cómo es que después del tiempo me di cuenta de todo esto.
Cosa rara, gran fenómeno, genial me parece, pero…¿por qué?

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