Soledad

La soledad, la misma que tanto busqué y que durante años me parecía una excelente y fiel compañera.

Esa que aparece sonriente cuando uno la llama, pero su expresión cambia cuando su presencia es involuntaria.

Sentirse solo, un tema. Querer hablar y no tener con quien. Querer abrazar y no tener a quien. Incluso querer ayudar o participar.

Los lazos. Añoranza de lazos inexistentes, dan la sensación de que al fin y al cabo todo es un montaje. Un escenario con escenografía predispuesta donde todos somos simples actores con un guión a desarrollar.

La soledad es acogedora y atractiva cuando se quiere, pero tremendamente hostil si inunda nuestro espacio sin permiso.

Hay quienes que aunque estén rodeados de gente se sienten solos, otros que aún en el aislamiento máximo se sienten acogidos.

¿Porqué desarrollé tan en profundidad una característica que quizá no me corresponde?

Ahora más que nunca quisiera honesta ternura. Ahora más que nunca dudo de mi discurso.

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