Condenados y culpables

Todo se trata de instantes.

El presente nos coloca en la posición como si con un dedo apuntara el lugar de cada cual.

A veces unos creen que ya lo lograron. Muchos otros creen alcanzar ese lugar. Los menos se resignan con voluntad. Pocos tienen razón.

Es ese estado en el que se cree que lo único que se puede decir es basta, suficiente.

¿Existirá como juego de vida el mérito?

¿Es al final el éxito una meta por capacidad?

Pienso que la vida no conoce justicia. Creo que el mundo no conoce el amor y que el ser humano aún no se conoce así mismo.

Y ante esa ceguera humana es como podemos creer alcanzar ese lugar, pero la verdad es una ilusión y lo peor es que siempre lo será.

Ese sublime momento sólo se deja reconocer cuando ya se ha ido.

Y de ahí el dicho, porque esa es la única ocasión en que vale la pena darse cuenta.

Nuestros focos están apuntando siempre un lugar externo, ajeno a lo que nos debería concernir.

Así, el foco de nuestra conciencia ayudada por la temporalidad de la vida nunca ilumina en el instante preciso.

Y lo que es, ya fue. Condenados y culpables. Víctimas de nuestra ingenuidad.

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