Entre flores y espinas

La conoció por casualidad, o, más que azar fue como esas pequeñas jugarretas que nos depara el destino sin avisarnos.

Él ya estaba aburrido de todo y todos. Cansado de relaciones superficiales y ofuscado por la idea de que las personas no sólo pueden, sino que deben intentar ser siempre mejores.

Con esta frustración como estandarte de vida fue luchando por principios y pensamientos propios que arraigó y amarró hasta la médula de su ser, enfrentando a cualquiera que tuviera disposición a rebatirlos.

Era una cierta paradoja; él sensible, emotivo mas en un estar en el papel de muralla inatravesable, sufriendo una soledad que no le correspondía. Su obstinación mandaba y prefirió elegir.

Se dio la casualidad que más parece un juego de un designio que caprichoso nos habla al oído y explica que ya está, que las cartas ya están tiradas. El juego de la vida comenzó.

Con vista de águila atenta como centinela; la mira de lejos, de cerca, sus orejas, nariz y boca, su mirada y su trato y escucha sus palabras y tonos.

Recopila información. Le gusta. Lo intenta. Sabe que no es mucho lo que debe hacer, sabe que si se le nota demasiado la perderá, evitar pasos en falsos se dice sólo para él.

Sabe que esto se trata de precisión. Hay que saber el cómo y el cuando. El resto, meros detalles. La mirada correcta en el momento justo. El roce voluntarioso cuando el cuerpo es susceptible.

Cree que algo da resultado. Encuentra pistas de un interés, uno de extrañas formas para él, pero es más que suficiente. Luego siente la presión del tiempo. Se le acaba. Cae encima de él como una plancha que baja apresurada para aplastarlo. Está claro que sus sensaciones son superadas por sus emociones y que éstas son sobrepasadas por los sentimientos. Ya siente, se le olvidan las palabras y su sangre lo recorre como caudal de montaña, eso le preocupa.

Se autoproclama un basta;. La frase se repite navegando entre tanta materia que surcan su mente. Voy mal, insiste.

Cambia la estrategia y decidido sale a buscarla. No tiene nada que perder. Ya estaba en un estado de pérdida.

Logra estar con ella. La admira, maravillado. En esos momentos el control es esquivo y manejar la situación, una tarea para verdaderos expertos.

Así es la cosa. Él lo sabe, lo asume. Detrás había un completo plan de investigación dispuesto a ponerse en práctica, pero la improvisación es la que manda, ni la va ni le viene, pero también lo sabe.

Y lento, pero seguro, rompen barreras que se mostraban intratables, ceden a las inseguridades y recelos.

Con una suave intensidad, profunda, pero controlada comienzan una relación que pronto los encadena. Hasta caen pétalos de sus mensajes.

Él no cuestiona lo que le ocurre, pero le cuesta vivir. El estado de dicha lo llena de positivismo y de esperanzas. Ahora sin saberlo está tan dispuesto que los valores mismos que el encuentra imprescindibles le causan los primeros problemas. No lo entiende, pero acota. Es fácil elegir la preferencia en aquella balanza.

La ve cuanto puede. Desearía que fuera más y hace sus intentos, pero no todo es perfecto. Obligado pasa los días en base a recuerdos. Los recuerdos son buenos, pero estar en el presente es infinitamente mejor.

Durante varias noches sueña con ella, con las curvas bailarinas de su cabello travieso, su sonrisa fina de líneas refinadas o su mirada taimada, pero sublime, de niña que se opone. Pero no son sueños, todos terminan con la respiración de él agitada en la realidad y con la idea de que algo no está bien.

Siente la amargura de perderla y visualiza tragedias. Se siente vulnerable y débil, eso lo supera. Cree injusto que la hermosura del amor acarree, por inercia, tantos miedos.

Le gusta decirle al mundo que para llegar a la felicidad el sufrimiento es sólo un paso.

Pero ahora es distinto, una noche sin saber de ella es suficiente para crear le negación de sus párpados a unirse, no duerme. Eso agota. Piensa que no lo merece y así le afecta más. Se le hace incomprensible que al final se prefieran mentiras. Para él, aunque esté errado, omisión es mentira.

Ya dije, él se aferró a sus ideales y se los refriega como un baño necesario para la lucha.

Cuestiona su capacidad. Extremista como es ve su vida como una apuesta. No su plenitud. Su vida tal cual la tiene aprehendida.

Está mareado en la confusión. Dice que escribir lo ayuda a canalizar, pero la pluma lo traiciona como alma en pena.

Ya no sabeimages (6). Está seguro de su amor, lo que sucede es que no sabe como vivir la experiencia sin verse dañado permanentemente por diferencias tontas o problemas intrascendentes.

Y así está, engatusado como nunca, pero ciego entre flores y espinas.

Anuncios

Un comentario en “Entre flores y espinas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s