La idealización de un amor inexistente

Es un tema recurrente y sobre explotado, no me cabe duda de eso, sin embargo, tiene una arista que constantemente busca definirse.

Esa arista es la propia percepción del tema y el cómo lo enfrentamos, por lo tanto, es una arista dispuesta en todo momento a cuestionarse.

Unos creen en la fidelidad ante todo, otros se abanderan en la libertad. Yo, más que esas dudas, me ronda el porqué, el cómo de manera innata buscamos un perfil y cómo sucede todo ese fenómeno.

Personalmente, siempre he estado en busca de un amor desconocido. Un amor que te proponga desafíos, que produzca cambios.

La vez que me interesé (fusionando ese interés con el amor en cuestión) realmente por una mujer, yo sabía que ella no representaba en lo más mínimo esa idealización.

Como seres humanos estamos condicionados a tener estas absurdas idealizaciones, pero no tenemos argumentos para contrarrestarlas.

La biología define el amor como un fenómeno molecular, absolutamente entendible desde el punto científico, lo que por lógica nos llevaría a concluir que nosotros, por nuestra naturaleza, estamos obligados a estas idealizaciones.

Y si es así, hay dos extremos; el que idealiza tanto que nunca encuentra, el disconformista, o su antagonista, el conformista, que puede estar en todo momento con alguien, pero nunca satisfecho.

Es obvio, para mí, que lo mejor es el punto medio entre los extremos, como plantea Aristóteles, pero ahí caigo en el peor problema.

Yo no soy un exigente, pero en general son pocas las mujeres que me llaman la atención y pocas que me interesen.

Sí me pasa seguido que veo miradas que creo especiales, pero culpo inconscientemente a las circunstancias por mi errónea forma de actuar.

Y no tiene nada que ver con sexo. Tiene que ver con esas miradas y lo que representan.

Peco de incapaz, debí acercarme a muchas. Otras, que no me llaman mucho la atención, son plato fácil de digerir.

El génesis del gran dilema se inicia porque esas pocas que encuentro especiales, creo saber que ellas responderían a mi idealización, pero a la gran mayoría no llego a conocerlas.

Continúa el dilema porque me es complicado comunicarme con ellas y con eso me estaría dificultando mi propio camino a la obtención del ideal.

Y es ahí el núcleo del problema, porque mi dificultad para acercarme a ellas esta relacionada con una profunda sugestión a pensar que me defraudaré del ideal deseado. Y eso sería un quiebre en mí. Una lástima que me condiciona a mantener la rutina de un círculo que parece no regalar salida.

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